martes, 26 de noviembre de 2013

ABORTO O SUICIDIO



Aclaración: La opinión a continuación vertida responde al criterio personal del redactor del artículo. Lealtad Digital no se responsabiliza de la misma más que como contenedor de la misma.

Aborto y suicidio. Posiblemente los más horribles crímenes, los más repudiables pecados. No hay peor pecado que el suicidio, porque imposibilita que el pecador pueda arrepentirse de haber pecado contra la vida que le ha sido regalada por Dios. A los suicidas no se les puede administrar la extremaunción, ni recibir sepultura en camposanto. Le sigue quizá en gravedad la aberración antinatural de la madre que decide negarle a su propio hijo, aún en su seno, esa misma vida de la que no es dueña, pero, aún así, siempre puede arrepentirse, hacer propósito de enmienda para reconciliarse con El Creador en sus Sacramentos y reponer el daño concibiendo nuevas vidas, aunque nunca puedan sustituir a la ya perdida. A partir de aquí, voy a hablar de un engendro que no tiene nada de humano y también está manipulado contra natura, en el que los que lo conforman tienen que tomar una decisión entre aborto o suicidio. Es necesario ahora decidir de que nos podremos arrepentir y como podría
solucionarse un error fatal.

los integrantes de la coalición
 Al carlismo, a una parte del Carlismo al menos, le ha costado décadas enmendar el error de la Unificación con la Falange en plena guerra civil, aunque el núcleo del auténtico carlismo, leal y honesto, se mantuvo siempre a distancia del “Movimiento” y lo rechazó de plano, la manipulación resultante de la contienda de los símbolos propios del Carlismo hicieron que, aún hoy, en un grado de ignorancia supina infundida por el Régimen, la práctica totalidad de la sociedad española identifique la emblemática carlista con la fascista, por tanto, al tradicionalismo con la ultraderecha. Las boinas encasquetadas de cualquier manera encima de las camisas azules, primero de FE”T”JONS (entiéndanse las comillas) y después de FN, han dejado en la memoria común de los españoles una lógica imagen obtusa del símbolo carlista más identificativo que está aún costando mucho trabajo sacudirse. Con la última decisión, esta identificación vuelve a ponerse en la palestra peligrosamente, tan arriesgado como es ponerse al borde del precipicio del suicidio político si no se opta por el aborto.

 Probablemente, una decisión ineludible a tomar por la CTC en lo que queda de tiempo. El reciente anuncio de la coalición electoral para los próximos comicios en la que participará la Comunión Tradicionalista Carlista junto al Partido Familia y Vida y Alternativa Española corre el riesgo de ir camino irreversible del fracaso más estrepitoso. No ya sólo en términos numéricos electorales, al ser ambas organizaciones recolectoras del llamado “voto residual”, que, unidas, no alcanzaron siquiera un 0,2% del escrutinio en las pasadas elecciones europeas de 2009 (0,12 AES; 0,07% FyV), lo cual no representa precisamente garantías de éxito; sino, sobre todo, por el riesgo de diluir el discurso integral del Tradicionalismo, que si bien tiene como piedra angular los valores católicos tradicionales, también proclama otras particularidades muy concretas, encarnadas en el cuatrilema “Dios, Patria, Fueros y Rey legítimo” que no casan, en absoluto, con las ideologías manifestadas y marcadas, en especial, por AES. Cuestiones como el modelo territorial, económico, la participación de la sociedad de forma orgánica en los cuerpos intermedios, incluso la misma forma del Estado, son diatribas insalvables a la hora de fundamentar una estrategia política conjunta con una organización centralista y capitalista. Pero aún hay más...

Hay mucho más en AES que un partido de “carácter social cristiano”, como se presenta. Existe una conexión indisimulada, evidente y fundamental con el extinto partido declaradamente ultraderechista Fuerza Nueva, del que no hace falta decir nada para comprender lo que significó y a lo que se dedicó durante la llamada “transición” española. Para muestra, tres botones: la primera sede de AES fue la de Fuerza Nueva Editorial; el Presidente Honorífico de AES es Blas Piñar, y el Secretario General, su yerno. Como tradicionalistas, defensores del modelo de participación completa de los ciudadanos en la política de forma activa bajo el paradigma subsidiario, no censuramos la defensa de cualesquiera posicionamientos en una organización política, pero por supuesto que nos oponemos a los que van radicalmente en contra de los nuestros, y no es muy lógico volver a unirnos con quienes no comparten más que una mínima parte de los principios ideales del Tradicionalismo, pero aún, sigue habiendo más...

Si bien AES, pienso honestamente, representa una evolución de la derecha nacionalista española, amoldándose en su origen nacionalcatólico al modelo democrático que declara aceptar como base del sistema político, la proyección social de éste partido no es la misma. El Tradicionalismo es, por naturaleza, transversal y pactista. No hay nada de malo en pactos y acuerdos puntuales con organizaciones de todas las tendencias dentro de unos parámetros mínimos, pero debe mantener siempre una vocación de liderazgo nítido. No por nada, para los Tradicionalistas, nosotros somos la auténtica España, la España legítima de sus buenos Reyes y sus buenas Leyes, no pudiendo jamás estar supeditados al segundo plano de cual quiera que sea la estrategia en común. La proyección social de AES responde en buena medida a ese origen de Fuerza Nueva, siendo identificado, generalmente, como un partido ultraderechista, y a los hechos más recientes me remito:

Aún por dilucidar está la cuestión de los Concejales Independientes de MonteArroyo que, en el Ayuntamiento del El Escorial, se han afiliado a AES sin renunciar a sus actas, en un ejercicio de transfuguismo prohibido por la ley del sistema democrático que declaran aceptar. Más reciente aún ha sido la denuncia de agresión por parte de dos militantes de AES que se encontraban en la vía pública hacia un militante de otra organización en Móstoles. Oscar Wilde decía “que hablen de mí, aunque sea bien”, y sin duda, hechos como éstos no hablan bien de los nuevos socios de la CTC. Esta imagen, fundada en éstos hechos, afectará de manera muy clara a la marca que sea elegida para presentar la candidatura a las elecciones europeas (que ya el propio hecho de que los tradicionalistas concurramos a unas elecciones de la unión capitalista europea ya tiene tela que cortar para más adelante...) y que será de inmediato estigmatizada como “la coalición de ultraderecha”. Si no, al tiempo...
Al tiempo que tarden los medios progresistas en echar mano de la que cacarearán como “coalición ultraderechista española” para utilizarla como una más de sus recurrentes columnas de humo; al tiempo de que vayan los periodistas a las ruedas de prensa ávidos de declaraciones comprometidas sobre organización territorial, inmigración, modelo económico.... al tiempo que pase hasta que los militantes de la izquierda a los que tanto gusta una buena polémica se organicen para reventar convocatorias u hostiguen a su estalin, perdón, a su estilo, a los interventores en las mesas electorales... al tiempo.

Tiempo, por una vez, es lo que hay. Hay tiempo de que el engendro de nueva creación madure, se sumen organizaciones que también quieran defender los principios cristianos con ópticas más progresistas (no me lanzo aún a hablar de partidos concretos) que aparten la sombra fantasmal del tardofranquismo de sobre las siglas resultantes que sean, de que el Carlismo se suba a la tarima de su carisma natural y decida ser quien tome el mando de la iniciativa, o de que todo siga por los derroteros equivocados por los que ha empezado y, por una vez también, sea preferible el aborto al suicidio político que significaría permitir que a la CTC se le vuelva a plantar el marchamo indeleble de “fachas” del que tanto le está costando deshacerse.









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