Aclaración: La opinión a
continuación vertida responde al criterio personal del redactor del
artículo. Lealtad Digital no se responsabiliza de la misma más que
como contenedor de la misma.
Aborto y suicidio. Posiblemente los más
horribles crímenes, los más repudiables pecados. No hay peor
pecado que el suicidio, porque imposibilita que el pecador pueda
arrepentirse de haber pecado contra la vida que le ha sido regalada
por Dios. A los suicidas no se les puede administrar la
extremaunción, ni recibir sepultura en camposanto. Le sigue quizá
en gravedad la aberración antinatural de la madre que decide negarle
a su propio hijo, aún en su seno, esa misma vida de la que no es
dueña, pero, aún así, siempre puede arrepentirse, hacer propósito
de enmienda para reconciliarse con El Creador en sus Sacramentos y
reponer el daño concibiendo nuevas vidas, aunque nunca puedan
sustituir a la ya perdida. A partir de aquí, voy a hablar de un
engendro que no tiene nada de humano y también está manipulado
contra natura, en el que los que lo conforman tienen que tomar una
decisión entre aborto o suicidio. Es necesario ahora decidir de que
nos podremos arrepentir y como podría
solucionarse un error fatal.| los integrantes de la coalición |
Al carlismo, a una parte del Carlismo
al menos, le ha costado décadas enmendar el error de la Unificación
con la Falange en plena guerra civil, aunque el núcleo del auténtico
carlismo, leal y honesto, se mantuvo siempre a distancia del
“Movimiento” y lo rechazó de plano, la manipulación resultante
de la contienda de los símbolos propios del Carlismo hicieron que,
aún hoy, en un grado de ignorancia supina infundida por el Régimen,
la práctica totalidad de la sociedad española identifique la
emblemática carlista con la fascista, por tanto, al tradicionalismo
con la ultraderecha. Las boinas encasquetadas de cualquier manera
encima de las camisas azules, primero de FE”T”JONS (entiéndanse
las comillas) y después de FN, han dejado en la memoria común de
los españoles una lógica imagen obtusa del símbolo carlista más
identificativo que está aún costando mucho trabajo sacudirse. Con
la última decisión, esta identificación vuelve a ponerse en la
palestra peligrosamente, tan arriesgado como es ponerse al borde del
precipicio del suicidio político si no se opta por el aborto.
Probablemente, una decisión
ineludible a tomar por la CTC en lo que queda de tiempo. El reciente
anuncio de la coalición electoral para los próximos comicios en la
que participará la Comunión Tradicionalista Carlista junto al
Partido Familia y Vida y Alternativa Española corre el riesgo de ir
camino irreversible del fracaso más estrepitoso. No ya sólo en
términos numéricos electorales, al ser ambas organizaciones
recolectoras del llamado “voto residual”, que, unidas, no
alcanzaron siquiera un 0,2% del escrutinio en las pasadas elecciones
europeas de 2009 (0,12 AES; 0,07% FyV), lo cual no representa
precisamente garantías de éxito; sino, sobre todo, por el riesgo de
diluir el discurso integral del Tradicionalismo, que si bien tiene
como piedra angular los valores católicos tradicionales, también
proclama otras particularidades muy concretas, encarnadas en el
cuatrilema “Dios, Patria, Fueros y Rey legítimo” que no casan,
en absoluto, con las ideologías manifestadas y marcadas, en
especial, por AES. Cuestiones como el modelo territorial, económico,
la participación de la sociedad de forma orgánica en los cuerpos
intermedios, incluso la misma forma del Estado, son diatribas
insalvables a la hora de fundamentar una estrategia política
conjunta con una organización centralista y capitalista. Pero aún
hay más...
Hay mucho más en AES que un partido
de “carácter social cristiano”, como se presenta. Existe una
conexión indisimulada, evidente y fundamental con el extinto partido
declaradamente ultraderechista Fuerza Nueva, del que no hace falta
decir nada para comprender lo que significó y a lo que se dedicó
durante la llamada “transición” española. Para muestra, tres
botones: la primera sede de AES fue la de Fuerza Nueva Editorial; el
Presidente Honorífico de AES es Blas Piñar, y el Secretario
General, su yerno. Como tradicionalistas, defensores del modelo de
participación completa de los ciudadanos en la política de forma
activa bajo el paradigma subsidiario, no censuramos la defensa de
cualesquiera posicionamientos en una organización política, pero
por supuesto que nos oponemos a los que van radicalmente en contra de
los nuestros, y no es muy lógico volver a unirnos con quienes no
comparten más que una mínima parte de los principios ideales del
Tradicionalismo, pero aún, sigue habiendo más...
Si bien AES, pienso honestamente,
representa una evolución de la derecha nacionalista española,
amoldándose en su origen nacionalcatólico al modelo democrático
que declara aceptar como base del sistema político, la proyección
social de éste partido no es la misma. El Tradicionalismo es, por
naturaleza, transversal y pactista. No hay nada de malo en pactos y
acuerdos puntuales con organizaciones de todas las tendencias dentro
de unos parámetros mínimos, pero debe mantener siempre una vocación
de liderazgo nítido. No por nada, para los Tradicionalistas,
nosotros somos la auténtica España, la España legítima de sus
buenos Reyes y sus buenas Leyes, no pudiendo jamás estar supeditados
al segundo plano de cual quiera que sea la estrategia en común. La
proyección social de AES responde en buena medida a ese origen de
Fuerza Nueva, siendo identificado, generalmente, como un partido
ultraderechista, y a los hechos más recientes me remito:
Aún por dilucidar está la cuestión
de los Concejales Independientes de MonteArroyo que, en el
Ayuntamiento del El Escorial, se han afiliado a AES sin renunciar a
sus actas, en un ejercicio de transfuguismo prohibido por la ley del
sistema democrático que declaran aceptar. Más reciente aún ha sido
la denuncia de agresión por parte de dos militantes de AES que se
encontraban en la vía pública hacia un militante de otra
organización en Móstoles. Oscar Wilde decía “que hablen de mí,
aunque sea bien”, y sin duda, hechos como éstos no hablan bien de
los nuevos socios de la CTC. Esta imagen, fundada en éstos hechos,
afectará de manera muy clara a la marca que sea elegida para
presentar la candidatura a las elecciones europeas (que ya el propio
hecho de que los tradicionalistas concurramos a unas elecciones de la
unión capitalista europea ya tiene tela que cortar para más
adelante...) y que será de inmediato estigmatizada como “la
coalición de ultraderecha”. Si no, al tiempo...
Al tiempo que tarden los medios
progresistas en echar mano de la que cacarearán como “coalición
ultraderechista española” para utilizarla como una más de sus
recurrentes columnas de humo; al tiempo de que vayan los periodistas
a las ruedas de prensa ávidos de declaraciones comprometidas sobre
organización territorial, inmigración, modelo económico.... al
tiempo que pase hasta que los militantes de la izquierda a los que
tanto gusta una buena polémica se organicen para reventar
convocatorias u hostiguen a su estalin, perdón, a su estilo, a los
interventores en las mesas electorales... al tiempo.
Tiempo, por una vez, es lo que hay.
Hay tiempo de que el engendro de nueva creación madure, se sumen
organizaciones que también quieran defender los principios
cristianos con ópticas más progresistas (no me lanzo aún a hablar
de partidos concretos) que aparten la sombra fantasmal del
tardofranquismo de sobre las siglas resultantes que sean, de que el
Carlismo se suba a la tarima de su carisma natural y decida ser quien
tome el mando de la iniciativa, o de que todo siga por los derroteros
equivocados por los que ha empezado y, por una vez también, sea
preferible el aborto al suicidio político que significaría permitir
que a la CTC se le vuelva a plantar el marchamo indeleble de “fachas”
del que tanto le está costando deshacerse.
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