La Revolución: Nuestros propios abandonos y complicidades.
...Al naturalismo de tercer grado corresponden, en fin, nuestros propios abandonos, nuestros silencios cómplices, nuestros temores culpables, nuestro cobarde respeto humano.
Dicho de otro modo: nos queda por recordar cuántos, a pesar de su fe, a pesar de su creencia indudable en la primacía de lo sobrenatural, son, con mucha frecuencia, cómplices del naturalismo.
Porque sucede a menudo, que oponiéndose a una doctrina, se asimile su oculto veneno. Se lucha contra el adversario; pero se ha aceptado el campo de batalla y las armas que a ha escogido él.
''Nuestra ignoracia es tan grande , que creemos combatir la Revolución con la Revolución...''
¿Cuando se decidirán los mejores a comprender que la creación se frustraría si los hombres pudiesen constituirse perfectamente en sociedad fuera de la ley religiosa, si encontrasen una paz fructífera por medio de una ley atea, sin que una combinación parecida nos dejase en la podredumbre?
Aquellos que hoy se llaman gentes honradas, los hombres que desean el orden, estarían muy bien dispuestos a establecer esta tranquilidad, en la cual las fortunas continuarían acumulándose, la policía actuando, la enseñanza dándose, la justicia cumpliéndose, pero todo ello sin pensar en Dios.
''Ahora bien: esto es precisamente lo que Dios no quiere. No quiere que todos los bienes que ha puesto sobre la tierra, con el fin de formar las almas y conducirlas a su gloria, sean utilizados para cegarlas.''
Entre lo mejores, el creer y no hablar nada de Dios ha llegado a ser un síntoma ordinario de incoherencia mental.
No es ya un naturalismo por afirmación, un naturalismo explicito. Es un naturalismo por omisión o pretencion, un naturalismo implícito, un naturalismo de hecho.
Se admite en teoría, la existencia de un problema que domina todo, un problema en función del cual todos los otros deberán ordenarse; pero de hecho, se comportan como si este problema, proclamado como el mas importante, no tuviese interés practico.
¡Cuantos escritores hay, cuantos hombres políticos, cuantos militares o magistrados cuyas convicciones católicas y odio a la Revolución son conocidas por sus íntimos, pero cuyas palabras, escritos o actos un poco solemnes no contienen nunca la menor señal de una afirmación cristiana!
A las referencias exactas que exigen la razón y la fe se preferirá el uno de abstracciones ampulosas.
Así, hablamos de ''orden social'', de ''civilización''. ¡Como si fuese posible comprender sus exigencias, su armonía, sin inquietarse del FIN que les da sentido!
Así se hablará de ''fuerzas morales'' ¡Como si ellas pudiesen, sin referencias a Dios, no estar sujetas a todas las variaciones de la opinión, a todas las pretensiones del Poder!
Extracto del libro '' Catolicismo y política por un orden social cristiano'' de Jean Ousset.
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